«¡Estad siempre alegres, dad gracias en toda ocasión!»

Este domingo, al comenzar la cuenta atrás del Acontecimiento que centra la historia, es el punto de partida de la fiesta, de ahí la invitación: «¡Estad siempre alegres!» Hace falta valor en estos tiempos (¿y cuándo no?) para decir algo así. ¿Es que podemos alegrarnos por algo con la que está cayendo? ¿Es que en este mundo nuestro se puede sonreír, celebrar, danzar? La Palabra de este domingo proclama contundente: no dejéis que las sombras ganen la partida, no dejéis que la tristeza o el desencanto se paseen con aires de verdad, no dejéis que nada os robe la alegría de vivir, de la confianza, de la esperanza, del amor que desciende, de Jesús, del Reino… María se incorpora a la fiesta: «¡Se alegra mi corazón en Dios, mi Salvador!» Y es que la última palabra, la definitiva, la que está adelantada, la que germina desde abajo y desde dentro, es de victoria, de bien, de Vida.

Alegres y agradecidas: con la conciencia de que todo es don, recibido. ¡Qué distinta es la vida cuando vamos exigiendo y demandando a cuando vamos ofreciendo y agradeciendo! Olvidamos que lo esencial de la vida, lo realmente importante, es don. Solo desde aquí podemos ser realmente hermanas…

DESCARGA la reflexión de la tercera semana