Del 6 al 9 de junio hemos vivido en Madrid unos días de gracia que permanecerán grabados para siempre en nuestro corazón.

La visita del Papa León XIV nos ha regalado momentos de encuentro, fe y esperanza que hemos compartido con alegría y emoción como familia carismática FMMDP.

A través de cada uno de los testimonios, queremos compartir la huella que cada uno de estos momentos ha dejado en nosotros. Relatos sencillos y llenos de vida que hablan de rostros, encuentros y emociones, de la alegría de sentirnos Iglesia alrededor del Sucesor de Pedro.

En cada uno de estos momentos hemos podido experimentar la cercanía del Papa León XIV y acoger su invitación a caminar con esperanza, servir con generosidad y seguir anunciando el Evangelio allí donde el Señor nos envía.

Encuentro con la Pastoral Social en el Proyecto “CEDIA 24 horas»

Participamos en este encuentro, que tuvo lugar el sábado, 6 de junio, a las 18,00hs, las hermanas de las comunidades de vida de Jubileo 2000, JMJ-2011 y del Hogar Santa María de la Vida.

Fue un encuentro íntimo en el que participaban entidades y delegaciones de la pastoral social de Madrid. Se buscaba un espacio recogido y cercano en el que el Papa tomara contacto con las personas más vulnerables de nuestra sociedad madrileña.

Las palabras del arzobispo, Don José Cobo centraron el motivo del encuentro: “Hoy el Papa entra en Madrid por una puerta singular, pequeña en apariencia, pero inmensa en humanidad y misericordia…” y eso fue lo que experimentamos, sentir que el representante de Cristo en la tierra, hacía la misma opción que hizo Jesús y que nos invita a hacer lo mismo hoy: “Lo que hicisteis con uno de estos mis hermanos más pequeños, lo hicisteis conmigo”.

Fuimos testigos de cómo el Papa iba recorriendo todas las instalaciones del proyecto, saludando a las personas que viven allí, viendo donde dormían, comían, qué hacían…y les dejó su mensaje:

“Sinceramente estoy muy contento de empezar aquí mi visita a Madrid. Aquí la alegría y el dolor de cada uno son alegría y dolor de todos. La caridad no admite demora, No es posible olvidar a los pobres sino queremos salir fuera de Iglesia…”

Un momento muy emotivo fue formar entre todos el “ARBOL DE LA ESPERANZA” con mensajes que expresaban deseos, heridas, sueños… de cada uno de los presentes, muchas manos… muchas vidas.

Al final del encuentro, la comunidad de vida de JMJ-2011, tuvimos la oportunidad de acercarnos a saludar al Papa: su mirada serena, su sonrisa franca y cercana, su semblante de paz quedaron grabados en nuestro corazón. Es una gracia que nos impulsa a seguir haciendo con humanidad y gozo lo que se nos presente cada día.

Jóvenes FMMDP al encuentro de León XIV

El sábado 6 de junio amaneció especialmente alegre y animado en Madrid y en el colegio de Santa Engracia. Estaban preparados para recibir a 182 chicos y chicas procedentes de los distintos colegios de la Fundación, con sus profesores.

Entre globos, abrazos y palabras de bienvenida a partir de las 13 horas se fueron incorporando todos. Después de comer juntos, en el patio del colegio tuvimos la “Dinámica de los abrazos” y a las 16 h. la oración del envío ante nuestra Divina Pastora y el sepulcro de María Ana.

Protegidos por tan buenas madres lo demás fue una auténtica aventura, llena de alegría, ilusión. Esperar al Papa cantando, celebrar su presencia entre nosotros en la Vigilia de Jóvenes y en la Eucaristía del Corpus… ¡Cantos, silencios, abrazos, alguna lágrima…! Y el convencimiento de que lo vivido era ya, para siempre, parte importante en nuestra vida, en nuestra historia.

Agotados, pero felices y agradecidos a cuantos lo han hecho posible, emprendimos el viaje de regreso a nuestros colegios en los que trataremos de contar lo vivido, aunque… ¡seguro que no será posible! Lo vivido no se puede narrar, pero seguro que lo vislumbran con nuestras caras y formas de hablar y de ser.

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En la eucaristía y procesión del Corpus Christi

Un día 7 de junio de 2026 y bajo un sol radiante en la Plaza de Cibeles, que parecía bendecir calles y encrucijadas, vivimos una experiencia serena y entrañable. Sobre nosotros se abría un cielo exento de amenazas, tan distinto del que cubre a tantos pueblos heridos por la guerra… Ese contraste despertaba en nosotras un agradecimiento más hondo y una súplica más verdadera.

Después de la misa presidida por el Papa León XIV —una celebración intensa, fraterna, esperanzadora— iniciamos la procesión con un sentimiento de unidad viva, palpable, casi tangible. La ciudad, tan viva siempre, hoy estaba recogida, atenta, casi contemplativa, como si Madrid misma quisiera acompañar el paso de Dios por sus calles. Los himnos, tan armoniosos y elevados, nos envolvían con una belleza suave y consoladora. Los textos proclamados eran oportunos, profundos, llenos de esa luz que toca el corazón sin ruido.

Cada paso reverente nos hacía sentir que caminábamos con nuestras hermanas:

  • con las que tienen un caminar ligero y con las que ya no pueden hacerlo,
  • con las que sostienen la misión desde su fragilidad,
  • con quienes ofrecen su oración y su fidelidad silenciosa.

Y desde ese mismo latido, caminamos también con tantos hermanos y hermanas que avanzan con dificultad: porque la vida se les tuerce, porque el dolor los vuelve frágiles, porque la pobreza cae sobre ellos como una losa, porque la soledad es un trago silencioso y a veces muy amargo, porque el miedo les apaga la voz.

En este peregrinar interior, el lema “Alza la mirada” nos invita a descubrir a Dios dentro, a no quedar atrapadas en el peso y a reconocer en cada herida un lugar donde Él se inclina.

Brota así un sentir muy franciscano: caminar ligeras, abiertas, atentas a quienes sufren y esperan, siendo hermanas que acompañan sin ruido y levantan con ternura. Brota de cada una, un agradecimiento sincero a la Congregación por permitirnos vivir este momento tan grande y tan humilde a la vez. Y que en este peregrinar iniciado hoy de «otro modo» aprendamos a estar, aunque sea en silencio con quien espera que alguien camine a su lado.

Cuando llevas a Jesús bajo un paraguas blanco

Muchas personas, en muchos lugares, haciendo pequeñas cosas, formando parte de algo más grande. Así podría resumir mi experiencia como ministra de la Eucaristía en la misa de Cibeles con el Papa. Es inimaginable e incontable el despliegue de miles de detalles necesarios para organizar un evento de tal magnitud. Sin embargo, lo que más me sobrecogió fue un “no sé qué presente en todo”.

Me acompañó Fernando, un voluntario de unos catorce o quince años. Un adolescente normal, de los que ves cada día por la calle o en un aula. Pero vivió su tarea de caminar a mi lado con un paraguas blanco y abrirlo en el momento indicado como si le hubieran pedido subir el Everest; es decir, como si fuese la responsabilidad más grande del mundo.

No hizo falta que me lo expresara. Se notaba en sus ojos, en sus nervios, en su seriedad y en su disponibilidad.

Tal vez nunca más me cruzaré con él, ni con los cientos de personas que aquel día, a las siete y media de la mañana, nos encontramos en la Basílica de Medinaceli para prepararnos y distribuir la comunión en medio de un millón de personas. Pero lo que nunca olvidaré es ese no sé qué presente en el ambiente. Todas las personas transmitían una alegría, una comunión y una ilusión que lo llenaban todo.

Y me atrevería a decir que todos compartíamos una misma sensación: éramos muchas personas haciendo algo muy pequeño, pero formando parte de Algo mucho más grande. Un Amor que, como dijo Antonio Banderas, nos ha hechizado.

 

…Y la Iglesia de Madrid marcó golazo en el Bernabéu

Tarde del 8 de junio, a partir de las 15 h. se fueron cubriendo las plazas del estadio Santiago Bernabéu, llenándolo de colorido y buen ambiente, hasta completar un aforo de más de 70.000 personas, para convertirse en un “templo de la fe”. Allí se iba a jugar el mejor partido “del Madrid”.

Se trataba del encuentro del papa León XIV con la comunidad diocesana de Madrid, Alcalá de Henares y Getafe.

Una fiesta sin precedentes: emoción, magia, música, bailes, mimo, oración… una mezcla perfecta para pasar seis horas de ensueño y sorpresas, seis horas de vivencia alegre y festiva de la iglesia que peregrina en Madrid, junto con su Pastor, D. José Cobo.

En el escenario fueron desfilando grupos de danza, baile, canto… derrochando creatividad y buen gusto, de la mano de los presentadores que, con una finura exquisita y hondo sentido religioso, supieron hacer de este acto una celebración de fe entrañable e inolvidable. El Cristo de Medinaceli y la Virgen de la Almudena procesionaron por el estadio con el mayor respeto, solemnidad y emoción en total silencio.

Tiempo para para disfrutar, para cantar el himno: “Alza la mirada”, para ensayar el lema del papa León: «In illo uno, unum», el “goooool” y el “oe, oe, oe,oe…”

Las horas pasan rápido, los nervios están a flor a piel a la espera del “fichaje estrella” de la tarde: el papa León XIV. Cuando los presentadores anuncian su eminente entrada en el estadio y aparece León XIV, las 70.000 voces prorrumpen en una prolongada ovación sin precedentes.

Y… la fiesta continuó. El cardenal D. José Cobo hizo bellamente la presentación de la iglesia diocesana al papa. A continuación, distintos testimonios le fueron narrando al papa León sus dificultades, sus logros, su pertenencia y compromiso con la iglesia en distintos ámbitos. Fue significativo el testimonio de los sacerdotes que optaron por contárselo cantando.

En una preciosa representación la iglesia diocesana marcó varios goles que eran coreados por todos los asistentes a una sola voz. Una auténtica euforia festiva.

Avanza la tarde y se esperan las palabras del papa, su mensaje para Madrid.

«Hoy la iglesia de Madrid ha hecho un golazo para siempre”. Así ha comenzado su intervención el papa. Ha animado a que la iglesia busque la comunión en la diversidad. Ha motivado para “edificar juntos, transformando la diversidad en un recurso y haciendo de la escucha y del diálogo el terreno común«. Ha reclamado «no dispersarnos ni encerrarnos cada uno en el grupo o en el entorno en el que ya nos sentimos seguros, entre personas que siempre cantan la misma melodía», y en su lugar apostar por lo sinfónico, «el arte de la polifonía, es decir, de la unidad en la diversidad». Su mensaje, hoy, tal vez más filosófico, será seña y guía para la iglesia de Madrid que se dispone a seguir marcando goles.

¡Hoy, el papa León y la iglesia de Madrid, marcaron un golazo!

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Último encuentro con los voluntarios

La visita del Papa León XIV a Madrid concluyó con un emotivo encuentro de agradecimiento a los miles de voluntarios que hicieron posible cada uno de los actos celebrados durante estos días. En IFEMA, el Santo Padre dedicó más de una hora a compartir con quienes habían ofrecido su tiempo y servicio, entre ellos algunas de nuestras hermanas, reconociendo su entrega generosa «por amor al Señor, a la Iglesia y al Papa».

En sus palabras, León XIV destacó el valor de la gratuidad y del servicio desinteresado como expresión viva del Evangelio, animando a todos a seguir caminando con humildad, fe y generosidad. «¡Gracias! Nos vemos en Roma», dijo al final de su intervención.

Fue un hermoso broche final para unos días intensos de encuentro, comunión y alegría compartida.

¡Muchas gracias, querido papa León!!