El 20 de julio, al finalizar el Capítulo General Extraordinario, recibimos en Miraflores de la Sierra a los laicos de la Familia Carismática de María Ana Mogas para iniciar la Asamblea General, que se prolongará hasta el 26 de julio.

Con el lema que acompañó al Capítulo: «Generando vida en camino sinodal», este encuentro se presenta como una oportunidad para seguir caminando juntos, compartiendo la vida y discerniendo comunitariamente los caminos que el Señor invita a recorrer.

La jornada del día 21 comenzó con la celebración de la Eucaristía y continuó con un encuentro fraterno en el que varias dinámicas y juegos ayudaron a crear un ambiente cercano y de comunión. Uno de los momentos más significativos de la mañana fue el gesto de la mesa compartida. A partir de sus distintos elementos, se fue construyendo una mesa que simbolizaba el carisma compartido y a la que todos —hermanas y laicos— estamos convocados como miembros de una misma familia carismática.

El menú de la familia carismática

A continuación, se invitó a elaborar el «menú» de esta familia, expresando los ingredientes necesarios para seguir generando vida y caminando juntos. De las distintas aportaciones surgió una imagen común: una mesa abierta, acogedora y diversa, en la que cada persona aporta lo mejor de sí y todos colaboran en su preparación. La acogida, la escucha, la apertura, la diversidad, la pertenencia, la comunión y la fraternidad aparecieron como ingredientes esenciales, junto con el compromiso, el diálogo, la formación en el carisma, la oración compartida, la confianza, la reciprocidad y el cuidado. Todo ello desde una mesa abierta también a quienes están fuera y a quienes más necesitan ser acogidos.

En el centro de este menú se encuentra el carisma, enraizado en el Evangelio y recibido como un don que hermanas y laicos están llamados a vivir y compartir. El pan, signo del sustento y de la vida, recordó también la necesidad de aportar cada uno lo suyo a esta mesa común. Así, la mesa se convierte en espacio de encuentro, participación y misión compartida, donde cada persona es acogida, escuchada y necesaria.

«Generando vida en camino sinodal»

Durante la tarde, se presentó el equipo animador de la Asamblea, formado por Cristina Ochoa, Marimar Fernández, Jacinta Celestino y Mabel Castán. También se profundizó en el significado del lema «Generando vida en camino sinodal», así como en los objetivos, principios, claves metodológicas y actitudes que acompañarán el proceso. Se subrayó que la conversión del espíritu permite pasar del simple intercambio de ideas a un verdadero discernimiento comunitario, buscando juntos descubrir qué pide el Señor a la comunidad en cada momento.

De nuevo una dinámica en el jardín ayudó a expresar simbólicamente que, aunque el camino presenta luces y obstáculos, juntos somos más fuertes. Al entrelazar los distintos trozos de tela que cada persona estaba dispuesta a aportar, los grupos fueron construyendo un camino común, en el que aparecieron una mano, un corazón, un cayado y una espiral sin final, signos de un camino compartido y abierto al futuro.

Después de animar está dinámica, las hermanas de la comisión encargadas de sintetizar el trabajo realizado sobre el anexo I y el anexo II, Sagrario de la Vega, Mª Reyes Rodríguez, Purificación Alonso e Iraida Meza, presentaron el documento a la Asamblea para su estudio.

El día concluyó con una oración en la que se compartió el pan, convirtiendo en gesto vivo aquel símbolo que había acompañado la reflexión de la mañana. Así finalizó una jornada marcada por el encuentro, la fraternidad y el deseo compartido de seguir generando vida en camino sinodal.

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