Una Eucaristía de acción de gracias por una historia compartida y por la huella de María Ana Mogas en Toledo

El pasado sábado, 3 de octubre, en el marco de la celebración de inicio de curso y del día de San Francisco, la comunidad educativa del Colegio Divina Pastora de Toledo vivió una tarde especialmente emotiva. A las 19:00h, la capilla del colegio acogió la Eucaristía, presidida por el Arzobispo de Toledo, Mons. D. Francisco Cerro Chaves.

La celebración estuvo marcada por dos momentos muy significativos: la presentación de los niños y niñas de 1.º de Educación Infantil a la Divina Pastora y la despedida y acción de gracias por las hermanas Franciscanas Misioneras de la Madre del Divino Pastor, que después de 141 años de presencia en Toledo dejan esta casa.

Una historia que comenzó con María Ana

Fue el 8 de junio de 1885 cuando María Ana Mogas llegó a Toledo acompañada de Concepción Dolcet y de las primeras hermanas que formaron la comunidad. Toledo fue, además, la última fundación que María Ana realizó personalmente, por lo que esta ciudad ocupa un lugar muy especial en la historia de nuestra Fundadora.

Desde aquellas primeras hermanas hasta Cruz, María Jesús y Josefa, que ahora cierran esta presencia comunitaria, generaciones de hermanas han entregado aquí su vida a la educación y al servicio, acompañando a niños, jóvenes y familias y procurando hacer realidad el sueño de María Ana: educar desde el Evangelio, cuidar especialmente de los más pequeños y necesitados y hacer del colegio una casa abierta y acogedora para todos. Cada una, con su historia y sus dones, ha dejado una huella en tantas generaciones de toledanos que hoy forman parte de esta historia compartida.

Un gracias que mira al futuro

La despedida fue, sobre todo, una acción de gracias por el testimonio, la entrega y el servicio de tantas hermanas, y también por todas las personas que han caminado junto a ellas: familias, profesores, alumnos, antiguos alumnos y tantos colaboradores que han hecho posible esta misión.

La presencia de las hermanas llega a su fin, pero el carisma de María Ana continúa vivo en Toledo. La misión educativa encuentra hoy una nueva forma de continuidad a través de la Fundación Educativa Ana Mogas, llamada a recoger esta herencia y a seguir haciendo del colegio un espacio de educación, fraternidad, acompañamiento y esperanza.

En este tiempo jubilar franciscano, la comunidad educativa quiso celebrar así una despedida que no pretende ser un adiós, sino un gracias por 141 años de vida compartida. Una historia que comenzó con María Ana y que continúa escribiéndose hoy en cada persona que lleva consigo algo de esta casa.

Las hermanas se van, pero la llama permanece. Permanece en las generaciones que pasaron por sus aulas, en tantas vidas acompañadas y, sobre todo, en el deseo de seguir haciendo realidad aquello que María Ana enseñó: educar el corazón y ponerlo al servicio de los demás.

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