El pasado 6 de octubre, nuestro corazón se llenó de alegría, gratitud y profunda emoción, porque vivimos un día histórico y lleno de gracia: celebramos la beatificación de nuestra amada Madre Fundadora, la Beata María Ana Mogas, y realizamos la inauguración oficial de la Escuela Madre Concepción Dolcet en Luanda, Angola.

Fue una jornada marcada por la presencia fraterna y el gozo compartido. Nos acompañaron Mons. António Bengue, obispo auxiliar de la diócesis, las autoridades civiles, la Ministra de Medio Ambiente con sus colaboradores, los encargados de educación, hermanas religiosas, sacerdotes, profesores, alumnos y numerosos invitados.

Durante el acto, la Ministra de Medio Ambiente y su equipo realizaron un gesto muy significativo y simbólico: plantaron árboles en el recinto de la escuela, expresando así el compromiso con el cuidado de la creación. Además, hicieron la entrega de diversos materiales de limpieza y de protección contra el cólera, un gesto que agradecemos profundamente por su valor humano, ecológico y solidario.

Fue un encuentro entre el cielo y la tierra, entre la fidelidad de Dios y el sueño que nació en el corazón de nuestra Fundadora, la educación. Sentimos que un sueño se hizo realidad, un sueño tejido con fe, esperanza y amor; un sueño sostenido por muchas manos generosas, por oraciones, esfuerzos y sacrificios que ahora se transformaron en alegría y vida.

La inauguración de la escuela fue un signo vivo del carisma que sigue siendo fecundo, llevando luz, formación y esperanza a los niños y jóvenes de Angola. Fue también una semilla del Reino sembrada en tierra africana, que sin duda seguirá creciendo con la ternura y el cuidado de todas nosotras.

Con María, Madre del Divino Pastor, y con nuestra  Madre Fundadora, cantamos las maravillas del Señor y reafirmamos: “Vale la pena soñar con Dios, porque Él es fiel en cumplir lo que promete.”

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