«¡Consolad a mi pueblo!» Con estas palabras se abre la segunda semana de Adviento. El Señor nos alcanza en nuestros desconsuelos para sacarnos de ellos.

Él nos habla a través de otros, sus enviados: «diles que ya ha terminado el duelo…, toca levantase y preparar caminos de vida», «levanta la mirada, ponte en camino, Yo voy contigo, Yo voy delante de ti». Nuestra vida entera depende de esto, de creer en la vida, de esperar, de construir.

El salmo insiste: «la gloria habitará en nuestra tierra, la misericordia y la fidelidad se encuentran… sus pasos señalarán el camino» y Marcos anuncia que Jesucristo es ante todo el «Evangelio», el esperado de las naciones, el consuelo de los que sufren, el descanso de los agotados.

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