Somos responsables de actuar ante la destrucción y falta de empatía con nuestra ecología integral

Ante los incendios que desde hace semanas están arrasando la selva amazónica, pulmón del planeta, y que han acaparado la atención del mundo, son muchas las voces en la Iglesia y en la Vida Consagrada que se levantan por la Amazonía, una región indispensable para la supervivencia de la humanidad.

El Papa Francisco expresó el pasado domingo tras el rezo del ángelus, la gran preocupación que nos aqueja a todos por los grandes incendios que devastan la región amazónica: «Estamos todos preocupados por los grandes incendios que se han desarrollado en el Amazonas. Recemos para que, con el compromiso de todos, puedan ser domados lo antes posible. Ese pulmón de bosques es vital para nuestro planeta».

La Iglesia Católica en América Latina, en diversos comunicados, ha expresado su sentir por el desastre natural que tiene lugar estos días. Entre ellos el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), expresó su solidaridad para con los hermanos pueblos indígenas que habitan este amado territorio: “les expresamos toda nuestra cercanía y unimos nuestra voz a la suya para gritar al mundo por la solidaridad y la pronta atención para detener esta devastación”. Y pidieron con urgencia “a los gobiernos de los países amazónicos, especialmente de Brasil y Bolivia, a las Naciones Unidas y a la comunidad internacional a tomar serias medidas para salvar al pulmón del mundo. Lo que le pasa al Amazonas no es un asunto solo local sino de alcance global”.

Los obispos brasileños señalaron también la urgencia de que “los gobiernos de los países amazónicos, especialmente Brasil, adopten medidas serias para salvar una región que es crucial para el equilibrio ecológico del planeta: la Amazonía”. “Este no es el momento para el desvarío y la debacle en juicios y discursos”, dijeron.

El Presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, Monseñor Oscar Ojea, compartió sus reflexiones mediante un comunicado en el que señala: “Nos encontramos justo en este momento ante el desastre del Amazonas y también de otros lugares de la Tierra, pero el del Amazonas adquiere una importancia ilimitada”. Destacó en su mensaje que “el río Amazonas aporta el 20% de reservas de agua dulce del mundo y tiene un porcentaje importante del carbono mundial, por eso es un pulmón para la Tierra y eso es lo que estamos depredando los seres humanos”. A la vez que lamentó: “Hemos abandonado lo que es el cuidado de la creación, y sea por el extractivismo, sea por la tala indiscriminada de árboles, la contaminación del agua, estamos maltratando a nuestra Tierra”.

La Secretaría General de la Conferencia Episcopal Boliviana solicitó al Gobierno que declare a la región amazónica como “zona de desastre nacional y que no se excluya incluso el acudir a la ayuda internacional”.

La Vida Consagrada de América Latina y el Caribe (CLAR), solicita encarecidamente en su comunicado “a los gobiernos responsables de los países amazónicos, que custodien la “herencia gratuita que recibimos para proteger […] el espacio precioso de la convivencia humana” y la responsabilidad compartida “para el bien de todos” (DAp. 471). Les pedimos unir esfuerzos, realizar los acercamientos necesarios para actuar prontamente ante esta emergencia ambiental que reclama la solidaridad de todas/os”.

La Familia Franciscana de Argentina expresó en un comunicado “como religiosos/as y laicos/as, como hombres y mujeres que andamos por la vida llevando el mensaje de Cristo a través de esta espiritualidad que nos dejó nuestro amado San Francisco de Asís, somos especialmente responsables de actuar y alzar la voz ante la destrucción, la irresponsabilidad y la falta de empatía con nuestra ecología integral”.

A su vez nos invitan a sumarnos a través de la oración y las posibles acciones concretas que sean un medio de colaboración ante esta situación. Y piden “que los gobiernos se hagan responsables y cuiden a través de sus políticas, recursos y medios que hagan efectivo el cumplimiento de los derechos humanos y ambientales, queremos a nuestra Amazonía protegida, amada y respetada”.

A todas estas voces sumamos la nuestra, en el deseo y desafío urgente de proteger y cuidar nuestra casa común.

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