De la misma manera que Dios invitó a Abraham a salir a contemplar el cielo y las estrellas, el Señor nos invitó a salir de nuestras comodidades, ir al encuentro de las realidades que nos rodean, contemplar en todo lo creado, hacerle presente en nuestro hoy.

Durante algunos días, hemos tenido la oportunidad de hacer una marcha y al igual que Francisco, hemos contemplado a Dios en la creación. Contemplando al «Dios presente» vemos un Dios que actúa a través de nosotras, de nuestros corazones, nuestras manos y que nuestras oraciones nos capacitan para un cambio personal y comunitario.
Ante el sorprendente proceso cósmico del universo y ante el milagro de la vida debemos dejarnos asombrar, contemplar la vida desde los ojos de la fe y mirar al mismo tiempo las consecuencias de nuestras acciones sobre el mundo.
Considerar al otro como hermano y hermana, vivir sin dañar a nadie reconociendo así que estamos profundamente unidas con todas las criaturas en nuestro camino.
Este tiempo que hemos vivido acompañadas por nuestra hermana Lidia, nos ha permitido descubrir la presencia de Dios en palabras, sonrisas, detalles, saludos, entrega de cada persona y hermanas que hemos encontrado y que nos han acompañado.
Después de este tiempo de caminata, hemos seguido nuestra formación con otras temáticas.
Una vida sin proyecto es una vida sin sentido. Necesitamos tener sueños, metas, puntos de referencia. Es más que necesario tener un proyecto personal y comunitario para caminar a la luz del Señor. Tener presente la maduración humana y espiritual, el ser y hacerse hermanas igual que la contemplación de la vida de fraternidad de nuestra Madre Fundadora es una gran herramienta para establecer un proyecto objetivo.
Llamadas a vivir en comunidad, compartimos las mismas ideas, el mismo sentir, mismas inclinaciones que nuestra Madre Fundadora. Nuestra hermana Geles en su estancia a nuestro lado nos ayudó a volver sobre esos puntos de nuestra vocación.
Además, hemos aprendido de ella que no debemos limitarnos a lo recibido en estos tiempos, sino seguir con la formación permanente. Mantenerse en formación después de los votos perpetuos, nos ayudará a seguir cuidando tanto la vida personal como comunitaria y a renovar siempre nuestro compromiso y fidelidad. La formación permanente nos ayudará a mantenernos en conversión constante y volver siempre al amor primero.
“La llevaré al desierto y le hablaré al corazón”
Del desierto físico hemos ido al desierto espiritual. El Señor, por mediación de la hermana Geles, nos llevó al desierto, tenía una palabra para cada una de nosotras en nuestras situaciones existenciales y este encuentro ha permitido la escucha de esta palabra.
Ha sido momento de dejar al Señor, nuestro Amado, nuestro Amigo y nuestro Tesoro, entrar en nuestras casas. Ha sido un tiempo que nos ha ayudado a entrar, sacar, recolocar y llenarnos de nuevo de Dios y de nuestros deseos de vivir en verdad nuestra vocación de FMMDP.
Hemos vivido este tiempo acompañadas de los testimonios, frases de nuestra querida Madre María Ana.
Damos gracias por el testimonio de vida de nuestras hermanas Lidia y Geles, que han aportado su grano en este camino de crecimiento y de toma de decisión que estamos haciendo. Gracias por su disponibilidad y sencillez a nuestro lado y gracias a cada una de vosotras por seguir rezando por nosotras.
Las hermanas en el PPP