El Colegio Divina Pastora de Arenas de San Pedro y la comunidad de religiosas Franciscanas Misioneras de la Madre del Divino Pastor (FMMDP) abrieron las puertas del centro a las personas evacuadas por los incendios forestales que afectaron al Valle del Tiétar.

Desde el 25 de julio, las instalaciones del centro permanecieron abiertas para atender a las personas procedentes de La Adrada, Sotillo de la Adrada, Piedralaves y Santa María del Tiétar. Durante esos días, el colegio acogió a 22 personas —en su mayoría dependientes, acompañadas por sus familiares y mascotas— en las habitaciones de la comunidad religiosa, proporcionándoles un entorno seguro hasta que pudieron regresar a sus hogares.

Una red de voluntariado al servicio de los demás

La respuesta fue posible gracias a la implicación de religiosas, profesorado, personal de administración y servicios, así como de familias y alumnado que se organizaron en turnos de voluntariado. Además de atender las necesidades materiales, ofrecieron escucha, acompañamiento y apoyo emocional a las personas acogidas.

El comedor escolar también se convirtió en un punto de ayuda, repartiendo cerca de 40 comidas diarias gracias a la colaboración de establecimientos locales y de World Central Kitchen.

Desde el Colegio Divina Pastora y la comunidad de hermanas FMMDP expresaron su profundo agradecimiento a todas las personas, entidades e instituciones que hicieron posible esta iniciativa, especialmente al Ayuntamiento de Arenas de San Pedro, Cruz Roja, Protección Civil, el Centro de Salud, la Policía Local y la Guardia Civil, por su coordinación y apoyo durante la emergencia.

Esta experiencia volvió a poner de manifiesto el compromiso del colegio y de la comunidad educativa con los valores franciscanos de acogida, fraternidad y servicio, convirtiendo el centro en un verdadero hogar para quienes más lo necesitaban en uno de los momentos más difíciles.

Mensaje de Manuel Domínguez, director del Centro, a todos los que colaboraron:

Aún con los últimos rescoldos (tenemos a 5 personas pasando la noche en el colegio) podemos decir que la vida vuelve abrirse paso tras las cenizas.

En primer lugar, quisiera decir GRACIAS MIL MILLONES DE VECES a todos y a cada uno de los que habéis colaborado de una u otra forma: por la apertura, el ofrecimiento, el trabajo, el acompañamiento, la escucha, las conversaciones, el tiempo de espera, los ratos de cocina, de limpieza, baños y aseos, de llamadas, de paseos del perro, de atención al prójimo y de cuidado ante los que más lo necesitaban.

Hemos estado al pie del cañón desde el minuto uno, ofreciendo todo lo que teníamos e incluso lo que no teníamos.

Gracias infinitas a las hermanas, porque sin su SI incondicional ante lo desconocido, igual que hizo nuestra madre María ante el arcángel Gabriel, el cansancio de estos días no hubiese tenido sentido.

En estos días se ha hecho presente el legado de María Ana en nuestra comunidad educativa: Amaos, caridad verdadera. Amor y sacrificio, para muchos estas palabras han resonado en nuestros oídos estos cinco días.

Ahora toca descansar, mañana finalizaremos de apagar los últimos rescoldos, las personas regresarán a sus casas y tendremos que proceder a ayudar a limpiar la casa de las hermanas para que quede impoluta (para esto vuelvo a solicitar vuestra inestimable ayuda en el día de mañana).

Reitero mis palabras: somos una gran familia y lo hemos vuelto a demostrar.

¡Descansad!