“Si el grano de trigo muere da mucho fruto” (Jn 12, 24)

Desde el día 17 de junio, tres novicias: Joana, Reina y Gary, nos encontramos en la comunidad de hermanas mayores de Benavides, en una experiencia fraterna y misionera que está siendo muy enriquecedora para todas.

Hemos colocado todo nuestro ingenio juvenil para acompañar a nuestras hermanas en este momento difícil de sus vidas. Hemos aprendido a mirarlas como Dios las mira y a sonreír juntas a pesar de las dificultades. La entrega de nuestras hermanas es un estímulo en nuestro seguimiento de Cristo.

En esta ocasión deseamos compartir un momento muy significativo de la vida, que vamos entretejiendo en el día a día, en relación fraterna.

Como ya sabéis, nuestra comunidad de hermanas mayores de Benavides de Órbigo se ha visto bastante afectada por la partida inesperada de siete de nuestras hermanas, que tras haber sido tocadas en su mayoría junto con las cuidadoras por el Covid-19, han partido a la casa del Padre.

Por ello, el día 31 de julio, nos reunimos como comunidad de hermanas para dar gracias a Dios por la vida entregada de nuestras hermanas:

    • Marina Pérez Castrillo,

    • Ana Pellitero Pellitero,

    • Nieves Pérez Castrillo,

    • Laura Villoria de la Fuente,

    • Nieves Blanco de la Varga,

    • Isabel Villanueva Nieto,

    • Sofía Santiago Argüeso.

Y a nuestras hermanas del Instituto de otras comunidades, fallecidas durante este tiempo:

    • Amada Narváiz Monzón,

    • Irene Resines Fernández,

    • Celsa Díaz Portela,

    • Remedios Gómez Vigide,

    • Josefa Vega Requejo,

    • María Carmelina Rodríguez das Neves y

    • Felipa Moreno García.

Dicha celebración fue presidida por D. Francisco, capellán de nuestra comunidad, en la capilla principal de nuestra casa. Fue una celebración entrañable, bastante significativa y conmovedora.

A continuación les presentamos algunos pequeños testimonios de nuestras hermanas sobre la celebración y cómo la vivieron o lo que significó para cada una de ellas:

“Fue un momento  muy especial, de comunión; una celebración muy intima porque solo estábamos presentes la comunidad de hermanas y el sacerdote. Auténtica, especial, sobre todo vivencial. Me conmovió mucho el momento del ofertorio porque se fue mencionando el nombre de cada hermana y una pequeña reseña de cada una de ellas”. Pilar Martínez Carrizo (Animadora de la comunidad)

 

“Ha sido algo extraordinario, profundo, participativo, vivencial, con mucha vida y amor”. Matilde Belmonte

 

“Mucha emoción, una mezcla de pena con alegría. Nos queda la tarea de recordarlas siempre para que sus legados no mueran, en gratitud por todo el bien que han hecho”. Visi Nieto

 

Con una muy buena ambientación, en la que los rostros de nuestras hermanas fallecidas estaban con nosotras por medio de fotografías, así como en el espíritu.

Compartimos esta celebración familiar; con el canto de entrada “juntos cantando la alegría de vernos unidas en la fe la esperanza y el amor”. Mi sentimiento fue una acción de gracias por el gozo de que sus vidas han terminado en los brazos del Padre misericordioso. El grano de trigo dio su fruto de entrega, de servicio en amor y sacrificio. Al atardecer de la vida nos examinarán del amor.

La danza de las tres novicias, tan suave y linda, fue para mí como un homenaje de cariño fraterno a las hermanas que partieron a la casa del Padre; su recuerdo me deja el corazón emocionado”. Encarnación Arribas

 

“En los quince días que pasé en cuarentena viví dos sentimientos muy especiales: agradecimiento a la Congregación y hermanas que  han estado pendientes en todo momento de nosotras sin faltarnos de nada; a ellas nuestra gratitud: Geles, Mercedes… El otro sentimiento muy doloroso de perder hermanas muy queridas, sin poder despedirlas; este sentimiento aflora con frecuencia. Fue muy emocionante y confortable el funeral, preparado con tanto detalle y simbología por las hermanas  que nos acompañan: Sofía, Gary, Joana y Reina. Gracias”. Gloria López

 

Nos queda el gozo de la plenitud de nuestra fe, como bien el mismo San Pablo lo expresa en su carta a los Romanos 14,8 “Si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así que, ya vivamos ya muramos, del Señor somos.”

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