Del 30 de mayo al 2 de junio, tuve la alegría de representar a las Franciscanas Misioneras de la Madre del Divino Pastor, de manera muy particular a mi comunidad de hermanas de Boa Vista, en el Congresso dos 70 Anos da Conferência de Religiosos e Religiosas do Brasil. Tuvo lugar en la ciudad de Fortaleza, Estado de Ceará. Regresé a casa después de uma longa caminhada superlotada de experiências intensas e belas partilhas.

Viajé el domingo 26 a Manaus, donde me encontré con el grupo de religiosas y religiosos que viajamos juntos hasta la ciudad de Fortaleza. Me brindaron hospitalidad los hermanos jesuitas, casa onde me pude dar a conhecer e permitir que o meu coração se abrisse a tantas partilhas, coincidências e experiências. Eu só tenho a dizer, obrigada!

El congreso se desarrolló en torno a “la memoria, la mística, la profecía y la esperanza”. La VR de Brasil se brindó la posibilidad de mirar su recorrido para impulsarse hacia adelante, reconocer a tantos hermanos y hermanas que dieron su sangre por Jesús y su reino, aquí en este suelo sagrado. Fue emocionante escuchar a nuestra hermana Daniela Cannavina hacer esa memoria, ¡Gracias!

Fue hermoso el encuentro, los diálogos, los cafés y compartir el taller sobre minería con mis paisanas argentinas. Mi corazón se sintió pleno, ¡gracias infinitas!

Además de las celebraciones intensas y alegres, las distintas ponencias desafiadoras, el reencuentro con hermanas de la Familia Franciscana (que nos conocimos en Santo Antonio de Agudos, Sao Paulo), y la gran posibilidad de ampliar mi conocimiento de la VR de la Región Norte 1, de la Diócesis de Roraima y establecer vínculos con hermanas y hermanos de distintas congregaciones… Queda resonando en mi espíritu la fotografía multitudinaria, variada y diversa de la VR en este suelo y el gran amor y admiración con la que se han referido a Francisco, nuestro papa. Permanentemente hicieron referencia y argumentaron su mensaje en las palabras de Francisco, experimenté una profunda vivencia de unidad. Me resulta difícil encontrar las palabras para transmitirla.

Finalizado el congreso, de regreso a casa, me quedé en Caracaraí, lugar donde nos encontramos el equipo que iría a la Missão do Baixo rio Branco (Vila Cachoeirinha): Plinyo (Jesuita), Rosana (Teresiana), Joilma (Sgdo Corazón), Dalila (laica) y yo; allí nos esperaban: Luigi (sacerdote italiano) y Celso (sacerdote brasileño) para dar inicio a esta novedosa y desafiadora experiencia.

Missão do Baixo rio Branco

Estas misiones se realizan dos veces al año, cuando el río sube y permite una buena navegación, y es la única presencia de iglesia en dichas comunidades. Os povos ribeirinhos son poblaciones formadas en torno al río y a la vida que éste genera: viven de la pesca, de la navegación, de los frutos del bosque, de la macaxeira y sus subproductos.

El primer desafío fue desestructurar el cuándo y a qué hora partimos instalado en nuestra cabeza. Nuestra misión estaba programada desde el 3 hasta el 18 de junio. Pero, o barco desce quando o barqueiro decide, entonces salimos hacia Vila Cachoeirinha el viernes 7 de junio y llegamos allá en 24 horas. Según los experimentados fue un viaje excelente, por la duración.

Cuando me dispuse a dormir en la red, envuelta por la oscuridad, fui sorprendida por la presencia escandalosa de las estrellas y la luna que despertaban una conexión primordial, entre mi alma y su brillo. Puedo decir que fue una de las noches más bellas de mi vida y, entonces me cuestiono, ¿por qué no nos regalamos estas experiencias?

Llegamos el sábado 8, tempranito. La comunidad ya estaba organizada en torno a la novena a San Antonio de Padua, y nosotros nos sumamos a la propuesta con el material que habíamos llevado. San Antonio nos permitió acercarnos a los distintos integrantes de la comunidad: con el canto, las flores, la lectura, la oración, las letanías, … él, como discípulo de Jesús, nos facilitó una mayor proximidad con Dios, en su presencia cercana y amorosa.

El jueves 13 de junio hicimos la procesión fluvial y por tierra, rezamos por los jóvenes, los niños y niñas de la comunidad, por los enfermos, por los educadores y por las familias, finalizando por la noche con la Eucaristía y un bautismo, gracias a la llegada del padre Celso. Hermosa presencia en nuestro equipo y bella visita.

Procesar lo vivido para seguir compartiendo la vida

Pude percibir, a lo largo de los días que compartimos allí, y confirmado en el diálogo con las demás misioneras, la vida sufrida y compleja que se hace realidad en Vila Cachoeirinha. Conseguir el sostén cotidiano exige mucho sudor, esfuerzo y trabajo riguroso, de tal forma que el cultivo de una interioridad humanizada tiene poco espacio. La invasión del mundo tecnológico, el dinero, el alcohol y la droga erosionan las posibilidades para cultivarse y construir relaciones de calidad entre los vecinos y el medioambiente. Entristece ver que, en lo más recóndito del mundo, el sistema capitalista avanza y destruye, y cómo, mujeres y hombres, nos dejamos seducir por su aparente bienestar.

Puedo decir que, hoy me habita la necesidad de procesar lo vivido, os olhos brilhantes e os sorrisos espontâneos das crianças exigem isso de mim para seguir compartiendo mi vida: como mujer franciscana. Las personas que habitan esos pequeños pueblos necesitan de nuestra presencia como Iglesia. Esa Iglesia que abraza, ama, sonríe, sana, invita a la profundidad del alma… y, nosotras necesitamos de ellos, para saborear la verdad más grandiosa de sus posibilidades y reconocer con humildad nuestras finitudes.

Debo reconocer, con simplicidad, que, cuando vivimos con intensidad y autenticidad la vida, las conexiones se establecen de manera maravillosa, y no volvemos a ser la misma persona. Esta afirmación me trae a la memoria la sentencia de Heráclito donde dice que, “no nos podemos bañar dos veces en el mismo río”. Es bello reconocer la veracidad de dicha sentencia en la propia vida.

Finalizo lo compartido en estas vivencias, recordando una frase que, repitió muchas veces el líder de la comunidad, cuando las personas no venían: “Irmã, o convite foi feito”. Ojalá formemos parte del grupo que oye, ve, se deja conmover y responde al convite.

Ángela Mabazo

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