Celebrar el día en que María Ana, nuestra Fundadora, fue al encuentro con el Padre es muy significativo para quienes hoy somos llamados a seguir haciendo vida su carisma.

Antes de su muerte nos dejó su testamento, un legado de amor y un camino que recorremos en familia, unas palabras que constituyen el auténtico tesoro espiritual del Instituto:

«Amaos unas a otras como yo os he amado. Caridad, caridad verdadera. Amor y sacrificio».

Hoy, 3 de julio, hacemos memoria agradecida del paso a la Vida de María Ana Mogas.

Sus restos descansan en Madrid.

Su espíritu vive en cada gesto de ternura.

En cada educador que escucha.

En cada hermana que acompaña.

En cada miembro de la Familia Carismática que elige amar con hechos.

Su legado no es historia, es camino y vive hoy en cada obra de amor.