Mirando mi historia, me veo obligada a agradecer a Dios por su paso por mi vida. Siento sus delicados toques en mi alma en las diferentes experiencias que he tenido a lo largo de mi vida. Toques que requirieron una parada, una mirada, una escucha y en consecuencia, una respuesta.
En mi juventud noté su presencia, que me deslumbró, en mujeres que vivían su vida cotidiana al servicio de los más empobrecidos, esta dedicación sedujo mi corazón. Ellas, las mujeres, fueron el espejo en el que se reflejaba mi alma. Cuestionaron el significado de mi vida. Me mostraron a Dios y así despertaron en mí el deseo por él.
Puedo decir que este deseo tomó -y toma- el control de mi vida, y era tan exigente que no pude evitarlo. Todo lo que continuó después, hasta hoy, fueron ensayos de encuentros con ese deseo de Dios que me habitaba.
Y este deseo me permitió encontrar a Jesús en las diferentes y variadas formas de servicio que han poblado mi historia, y que seguramente seguirán enriqueciendo mi vida.
Caminar junto a Jesús ha sido para mí la experiencia más gratificante y enriquecedora que he vivido, porque mi alma se expandió y se llenó de sonrisas, miradas, abrazos y gestos, que me fortalecieron, animaron y acompañaron mis pasos.
Doy gracias a Dios porque me miró y me eligió. Agradezco a todas las personas que me acompañaron en el camino.
Soy consciente que la vida acontece de tal forma que, en algunas situaciones, no percibimos la temporalidad que está, inexorablemente, pasando. En estos acontecimientos permanecen huellas que marcan y definen nuestra manera de ser y estar en el mundo. Por esos acontecimientos, grabados a fuego por su intensidad, en profunda comunión con ustedes aquí presentes, con mi familia, mis hermanas y con cada persona que constituye mi historia, agradezco a Dios por cada momento vivido.
Y, hoy, en este misterioso y bello suelo amazónico, por el cual me siento seducida, Dios actualiza su amor por mí, invitándome a continuar compartiendo mi vida con su pueblo.
Agradezco, desde la profundidad de mi alma, porque compartimos este caminar juntas y juntos. Es una gran alegría para mí.
¡Muchas gracias!
Hna. Ángela Mabazo, Boa Vista, Estado de Roraima, Amazônia Legal
