La familia franciscana en España celebró los días 19 y 20 de junio en Madrid el Jubileo del VIII Centenario del Tránsito de San Francisco de Asís.
Convocadas por la Provincia OFM de la Inmaculada Concepción y la Conferencia Interfranciscana de España, cientos de hermanos y hermanas de las distintas ramas franciscanas participamos en unas jornadas marcadas por la oración, la fraternidad y la alegría del encuentro. Entre los asistentes estuvimos también varias hermanas y laicos FMMDP, que nos unimos a esta celebración de acción de gracias por los ochocientos años transcurridos desde la Pascua de san Francisco.
Los actos comenzaron el día 19, con una vigilia de oración en la Basílica de San Francisco el Grande. Continuaron al día siguiente con la solemne Eucaristía jubilar celebrada en la Catedral de la Almudena. Fue presidida por Mons. Vicente Martín Muñoz y concelebrada por varios obispos, sacerdotes y religiosos franciscanos. La celebración reunió a frailes, religiosas, miembros de la Orden Franciscana Seglar, jóvenes y fieles vinculados a la espiritualidad franciscana de diversos lugares de España.
Testimonio de fe, fraternidad y esperanza en torno a Francisco de Asís
Tras la Eucaristía, los participantes acompañamos en procesión la imagen de San Francisco por las calles de Madrid hasta la Basílica de San Francisco el Grande, en un testimonio público de fe y haciendo visible la vigencia del mensaje franciscano ocho siglos después.
La jornada continuó con una comida fraterna, que prolongó el encuentro en un ambiente de cercanía y alegría compartida como familia franciscana. Y concluyó con una conferencia de Mons. Jesús Sanz Montes, OFM, arzobispo de Oviedo, sobre la actualidad del mensaje de San Francisco para el mundo de hoy.
Este encuentro fue una oportunidad privilegiada para fortalecer los lazos de comunión entre las distintas ramas de la familia franciscana y renovar el compromiso de vivir el Evangelio siguiendo las huellas de San Francisco de Asís. Para nosotras, como familia FMMDP, fue también una ocasión de compartir la alegría de pertenecer a una misma familia espiritual y de agradecer el don siempre actual del carisma franciscano al servicio de la Iglesia y del mundo.