Las hermanas de Bolivia comparten la misión vivida en Moro Moro, localidad del departamento de Santa Cruz de la Sierra.

Días cargados de mucha intensidad, viviendo, disfrutando y agradeciendo por cada momento compartido.

Agradecemos al Dios de la Vida que nos sigue llamando a servirle desde lo pequeño. Él nos reúne y nos convoca, impulsa y anima nuestros pasos. Día a día nos demuestra su gran amor, que se hizo presente en tantas personas, lugares y situaciones vividas.

Nos vamos con grandes experiencias acumuladas, el corazón ensanchado y lleno de gratitud. 

Gracias a nuestra Congregación Franciscanas Misioneras de la Madre del Divino Pastor, que nos permitió participar de esta misión; a la hermana Inmaculada Plaza García por tanta generosidad y apertura, al gran equipo de voluntarios que conformamos (hermana Dolly, hermana Inmaculada, Cintia, Natalia y José María), a tantos niños, jóvenes y adultos que nos recibieron con gran alegría, donde en cada encuentro nos enriquecimos mutuamente…

Días de caminar en medio de la gente del pueblo: niños, jóvenes, adultos y ancianos; predicando al estilo de Francisco, sin tantas palabras, pero con nuestras vidas, gestos y testimonios… Sonreír a los niños, escuchar a los jóvenes y sus inquietudes, intercambiar vivencias con adultos, acompañar a los enfermos, ayudar a aquellos que lo necesitaron…

Hemos reído y nos divertimos tanto con los niños en cada jornada… Con los jóvenes compartimos búsquedas y anhelos, aprendimos de la experiencia y sabiduría de los adultos, compartimos la fiesta de la Epifanía, celebraciones, visitamos a las familias y enfermos… En fin, compartimos la vida y la fe.

Con gratitud decimos hasta pronto, expresando el deseo de volver a este pueblo en el que nos sentimos ampliamente acogidos.

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