La Iglesia celebra cada 25 años el Jubileo o Año Santo. Durante esta gran fiesta, la Iglesia está invitada a peregrinar. Es un tiempo de gracia, de encuentro, de celebración; propicio para la oración, la reconciliación y para reorientar la vida en servicio, alegría y esperanza.
El 2025 es un año para peregrinar en esperanza. Para caminar confiadamente y de la mano de Dios, sorteando imposibles y decididas/os a inaugurar lo inédito, a estrenar vida, sueños, posibilidades.
Este texto de Paulo Freire, nos recuerda donde está el fundamento de nuestra esperanza:
“Es preciso tener esperanza, pero tener esperanza del verbo esperanzar, porque hay gente que tiene esperanza del verbo esperar. Y la esperanza del verbo esperar no es esperanza, es espera. Esperanzar es levantarse, esperanzar es perseguir algo, esperanzar es construir, esperanzar es no desistir. Esperanzar es avanzar, es juntarse con otros para hacer las cosas de otro modo. Es preciso reinventar el mundo, buscar su belleza. Belleza que pasa por nuestra capacidad de imaginar, de crear, de actuar, de transgredir… de comprometernos con la existencia humana, alimentados aquí por la esperanza.”
Peregrinar en esperanza…
- Peregrinar en esperanza, es disponernos para acoger las sorpresas de la vida, es desarrollar la mirada contemplativa, la capacidad de admirar y de asombrarnos con lo bueno y lo bello que la vida nos regala a borbotones cada día. Es indignarnos y expresar nuestra voz profética ante aquello que claramente está alejado del querer de Dios, porque excluye, deshumaniza, margina, empobrece…
- Peregrinar en esperanza, es ir con otras/os, sumando fuerzas y sueños; los anhelos profundos del corazón y las más sinceras expectativas. Es trabajar en equipo y compartir la aventura de descubrir el mundo y de responder con pertinencia y significado a los desafíos del momento histórico. Es trasegar los caminos de la intercongregacionalidad, la interculturalidad y la intergeneracional.
- Peregrinar en esperanza, requiere acogernos con cariño, valorar las diferencias, tender puentes y decidirnos a construir un mundo mejor y más humano, más justo y solidario, más alegre y vital. Un mundo en el que haya lugar para todos y el profetismo de la comunión sea nuestra más firme opción.
- Y peregrinar en esperanza nos conduce a
Abrir puertas…
Abramos la puerta de la interioridad, para descubrir a Dios en todas las cosas y peregrinar con la certeza de que Él es la razón de nuestra esperanza, nos acompaña y sostiene en todos los tramos del camino.
Abramos la puerta de la solidaridad, empeñémonos en tender la mano, en acrecentar las redes de la bondad y la ternura, en compartir lo que tenemos y en trabajar decididamente por un mundo mejor, más fraterno y pacífico, más verde y en el que cuidar de la Casa común sea una prioridad.
Que este año, peregrinar en esperanza, nos conduzca a abrir puertas… muchas puertas. Que se abra la Puerta Santa y todas las puertas que nos permitan servir de una manera siempre nueva.
Que María, Nuestra Señora, nos acompañe en el caminar.
Hna. Liliana Franco, ODN – Presidenta de la CLAR