Cada año, del 1 de septiembre al 4 de octubre, millones de cristianos de todo el mundo se unen para celebrar el Tiempo de la Creación. Es un momento para honrar a Dios como Creador y abrazar nuestra llamada compartida a proteger la Creación.
El lema de este año es: “Paz con la Creación”. Comunidades de todo el mundo están respondiendo al llamamiento del papa León XIV, sembrando semillas de esperanza, paz y cuidado de nuestra casa común.
En Cristo, también nosotros somos “semillas de paz y esperanza”. El profeta Isaías nos recuerda que Dios puede transformar un desierto en un jardín fructífero:
“Un espíritu de lo alto se derramará sobre nosotros, y el desierto se convertirá en un campo fértil… La obra de la justicia será la paz… Mi pueblo morará en una morada pacífica” (Is 32, 15-18).
Estas palabras guían el Tiempo de la Creación, recordándonos que la oración y la acción concreta hacen visible la “caricia de Dios” en nuestro mundo (cf. Laudato Si’, 84).
Todavía hay esperanza y la expectativa de una Tierra en paz. Esperar en un contexto bíblico no significa quedarse quieto y en silencio, sino actuar, orar, cambiar y reconciliarse con la Creación y el Creador en unidad, metanoia (arrepentimiento) y solidaridad.