El pasado 22 de noviembre, nuestra hermana Florinda, realizó su profesión perpetua en la Catedral de Luanda. Recibió sus votos la Delegada General de la Región de África, la hermana Laurinda Miguel.
Hoy mi corazón se inclina ante Dios con una gratitud profunda. En este día en que renuevo para siempre mi “sí”, siento con fuerza aquello que San Francisco expresó con tanta sencillez y verdad: “El Señor me dio hermanas.”
Sí, Él me regaló a cada una de vosotras: vuestros gestos delicados, vuestra presencia discreta, vuestro acompañamiento paciente, vuestra oración silenciosa y fiel. En cada detalle he sentido el cuidado de Dios manifestado a través de vuestras manos, de vuestra mirada y de vuestra ternura fraterna.
Nuestra Madre Fundadora nos enseñó a caminar con el corazón fijado en lo esencial: “Tendré siempre los ojos puestos en el Señor.”
Es esa mirada la que me sostiene, la que me orienta, la que me llama a permanecer firme, humilde y entregada. Y es también mirando al Señor como reconozco, con profunda emoción, la gracia que supone compartir la vida con vosotras.
Gracias, hermanas mías, por ser presencia de luz, de verdad y de fortaleza. Gracias por creer conmigo, por caminar a mi lado, por ayudarme a ser fiel. Cada una de vosotras forma parte de mi historia vocacional, de mi crecimiento interior, de este “sí” que hoy se hace eterno.
Y porque el amor de Dios no se agota, me dejo envolver por esta promesa que sostiene mi espíritu y confirma mi elección:
“Te llamarán Predilecta, porque serás el encanto del Señor.”
Así quiero vivir: perteneciendo a Él, sirviendo con alegría, amando con libertad, y encontrando en cada hermana un signo vivo de la ternura de Dios.