El pasado 23 de mayo, las comunidades de la Delegación de Madrid, nos reunimos en la Casa Madre, para vivir una tarde bajo el lema que inspira el Jubileo 2025: Peregrinas de Esperanza. Una tarde cargada de fraternidad, reflexión y compromiso con el camino de la esperanza.

Tras la bienvenida, escuchamos el himno del Jubileo. A través de una aplicación, fuimos creando juntas una nube de palabras. Cada una escribió lo que la esperanza significaba para ella, apareciendo términos como confianza, camino, vida, fraternidad, comunión, sueño, futuro… Un reflejo de nuestros deseos comunes, de lo que nos sostiene.

Una llamada al corazón

Mabel Castán, nuestra Superiora General, nos situó en el tema, animándonos a abrazar una conversión del corazón que nos impulse a caminar hacia el perdón, ese acto de amor profundo que nos renueva desde dentro. Nos recordó que la esperanza es el ancla que Dios nos tiende, una cuerda de amor que nos ayuda a sostenernos en tiempos de incertidumbre. Es movimiento, dinamismo y apertura a lo impensado.

Y nos recordó que estamos llamadas a ser, entre nosotras y con quienes compartimos la vida, signos vivos de consuelo, casa, cuidado, hogar.

Creando juntas el tejido multicolor de la esperanza

Luego, nos distribuimos en grupos. Cada una eligió una chapa que representaba elementos del Cántico de las Criaturas. A partir de ahí, reflexionamos juntas en torno a seis propuestas sobre la esperanza:

Un cierre orante y fraterno

La tarde concluyó ante María, Divina Pastora, en el oratorio mariano. Allí compartimos, de manera oracional y creativa, todo lo trabajado en los grupos. Con símbolos, palabras y gestos, cada grupo ofreció lo vivido.

Finalmente, compartimos lo que cada comunidad había traído en el patio central. Fue un espacio de encuentro sencillo y profundo, donde la fraternidad y la esperanza se hicieron casa.

Una jornada que fortaleció la comunión fraterna y dejó sembrada la certeza de que la esperanza es un camino que se construye juntas, paso a paso.

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