“Tratamos de llevar el amor que Dios tiene a todas las criaturas, especialmente a los más pobres”
Con la vista puesta en la Jornada del Domund, que se celebró el domingo 19 de octubre, la OMP, (Obras Misionales Pontificias) entregó la mañana del viernes los IV Premios Misioneros “Beata Paulina Jaricot” y “Beato Paolo Manna”.
Entre otros asistentes, acompañamos a Julia un grupo de hermanas FMMDP de la delegación de Madrid y otras hermanas que compartieron con ella la misión en Benín.
La hermana Julia Aguiar, Franciscana Misionera de la Madre del Divino Pastor y el catedrático Eloy Bueno, fueron los premiados. Ambos compartieron en un coloquio su testimonio, que encarna el lema del Domund de este año “Misioneros de esperanza entre los pueblos”.
Premio “Beata Paulina Jaricot”
El premio “Beata Paulina Jaricot”, que tiene el nombre de la fundadora del Domund, distingue a misioneros que hayan destacado especialmente por su entrega. Otorgado este año a la hermana Julia Aguiar, misionera en Benín, donde fundó y dirige el Centro de Salud Gbémontin: “donde se encuentra la vida”. Su trabajo ha sido esencial para diagnosticar y curar la enfermedad de la Úlcera de Buruli.
“El mismo año en el que llegamos a Benín, llegó una niña con una herida en el brazo y la espalda. Era algo desconocido”, recordó la hermana Julia. “Le dijimos a su abuela que se fueran al hospital universitario, pero ella no quiso moverse de allí, así que empezamos a hacer lo que nos pareció lo mejor”. Tras esa niña, fueron llegando más personas con la misma dolencia, y las hermanas las iban tratando con cirugía y antibióticos, y documentando todos los casos. Pronto dos investigadores de Bélgica y Estados Unidos se interesaron por ese trabajo, que ya ha sido reconocido a nivel mundial con el nombre de Úlcera de Buruli.
Este trabajo, que comenzó en 1976, año en que llegó a Benín, ha llevado a Julia Aguiar a ser Doctora Honoris Causa por la Universidad de Nápoles. Sin embargo, con gran humildad, ella se alegra sencillamente de “haber sido útil” y de “poder aliviar el sufrimiento”.
“La vida de misión vale la pena –afirmó Julia– porque es una vocación a la que correspondes y porque dentro de tu pobreza, de tu ignorancia… es poder compartir la vida con las personas que te encuentras, intentar llevar alivio y hacer presente el amor que Dios tiene a cada criatura, especialmente a los enfermos y a los más pobres”.
El premio “Beato Paolo Manna”
Este premio tiene el nombre del fundador de la Obra Pontificia encargada de la formación y sensibilización misionera, el Beato Paolo Manna. Con él, OMP distingue a personas o instituciones que se hayan comprometido en España en la sensibilización misionera y su apoyo a los misioneros desde “la retaguardia”. Este año, se ha hecho entrega de este premio a Eloy Bueno, catedrático de la Facultad de Teología del Norte de España, con sede en Burgos. Sacerdote diocesano, experto en Misionología. Su aportación teológica ha sido muy importante para entender la identidad misionera de la Iglesia.
Una cruz con un cangrejo
Ambos premiados han recibido un galardón con la figura de un cangrejo que porta una cruz, en alusión a una conocida anécdota de San Francisco Javier, patrón de las misiones. Para aplacar una tormenta, lanzó su crucifijo desde la barca al mar. Al día siguiente, en la playa, un cangrejo sacó el crucifijo del mar con sus pinzas. Una imagen que representa la confianza y tenacidad de los misioneros.
Estos premios han sido la antesala de la Jornada del Domund para rezar por los misioneros y pedir apoyo económico para el trabajo que hace la Iglesia en las misiones. Gracias a lo que se recauda en esta Jornada en todo el mundo, el Papa puede apoyar a 1.131 territorios de misión, en sus gastos del día a día y en las necesidades puntuales que van surgiendo (construcciones, vehículos, traducciones…). Representan una de cada tres diócesis del mundo, y en ellas vive el 40% de la población mundial.

