El día 26 de marzo en nuestra Casa natal de María Ana, «el Hostal», vivimos un acontecimiento importante para nuestra familia: la despedida de las hermanas que en estos últimos años han formado esta comunidad al servicio del entorno, unidas a la comunidad cristiana de la parroquia de Nuestra Señora de Montserrat.
¡Gracias Lola y Timi por vuestra entrega fiel y solícita! ¡Gracias por todo este tiempo de presencia «de María Ana» y «al modo de María Ana» en el lugar que la vio nacer! ¡Gracias por vuestro servicio en la parroquia y en el barrio!
En un entrañable encuentro -misa y mesa, como se pide en toda fiesta- compartimos fe y vida, recuerdos y esperanzas, nostalgias y agradecimientos, lágrimas y sonrisas, promesas y números de teléfono. La red tejida durante todo este tiempo no se deshace, se ensancha y se ahonda.
En la eucaristía, el párroco, P. Angel Mariano, ofmconv, nos fue invitando a recordar, como recuerda el corazón agradecido, a narrar, a nombrar, entre todos:
- Quién fue esa mujer que da nombre e identidad hoy, aquí, a esta historia… Y, juntos, de voz en voz, en una capilla que tuvo que hacerse mucho más grande, fuimos entretejiendo la biografía de María Ana, nuestra beata, beata del pueblo.
- Se fue expresando el agradecimiento a las hermanas que, por ahora, de momento, cierran esta presencia comunitaria: también entre todos, se van nombrando los gestos humildes de caridad verdadera de las hermanas.
- Y una sucesión larguísima de nombres de hermanas que han pasado por allí, vivas y difuntas; hermanas que -en el Colegio, en el Hostal- han dejado su huella en tantas personas. Y, con los nombres, las anécdotas de tantas vidas en juego: risas, dolores, sustos…
- Y la toma de conciencia de que el sello carismático, el legado vivo de nuestra Fundadora y su misión, tiene su continuidad en la Fundación educativa «Ana Mogas» que sigue asumiendo en Granollers el testigo de una vida, de una vocación y de una misión.
- Y luego, salieron a la luz las fotos… Sorpresas. Y algunos de los presentes, reconociéndose, infancia y juventud recuperadas un instante, volverían a afirmar con cariño ese tiempo vivido, roca de su presente.
En el ir y venir, una tarde bendecida de memoria y futuro, de narraciones, de nombres que han formado parte de la historia compartida…
- «Yo estaba en la parroquia aquel año en que llegaron por primera vez las hermanas al colegio, aquella Nochebuena, al salir de la Misa del gallo, había caído una nevada como no se recordaba otra en el pueblo»
- «Me iba a trabajar a la fábrica textil y dejaba mi hija con las hermanas»
- «Llegábamos como emigrantes, y las hermanas entendían, eran nuestra referencia»
- «Nunca olvidará a la Madre… ¡lo que tuvo que escucharme!»
- «¿Os acordáis de las primeras comuniones?»
- «Yo vi construir esta parte, y vi el periódico donde anunciaron su presencia»
¡Cuánto más! Testimonios de mujeres emprendedoras, fuertes, colaboradoras, arriesgadas, servidoras… ¡Franciscanas de la Madre del Divino Pastor! que abrieron aquellos caminos.
Y uno aquí y otra allá… en corrillos de recuerdos y agradecimientos. Porque ese era el tono. Y por ser recuerdos agradecidos, la suave nostalgia ante los cambios.
Después de treinta años de fundación de la comunidad del Hostal, ha llegado el momento de dar nuevos pasos. Con el dolor y la alegría que implica todo alumbramiento, la casa natal de María Ana (casa «pairal», decimos a veces cariñosamente, en catalán), el Hostal se dispone a reestrenarse en la hospitalidad y en la acogida. Es un tiempo nuevo, y como todo lo nuevo, nos obliga a decir un «hola» a lo diferente.
Un nuevo servicio a la caridad, al amor y al sacrificio
La puerta de la calle Corró que en sus inicios se abrió a caminantes, en breve se abrirá para un nuevo servicio a la caridad, al amor y al sacrificio, a Cáritas, para facilitar su funcionamiento y servicios. Y en comunión con Cáritas, al «proyecto Sara», que pone su mirada en los últimos de los últimos: ofrecer un espacio de acogida a personas sin techo en situación de enfermedad de especial gravedad. Tiempo de jubileo, signos de esperanza, a los que invitamos y que compartimos.
«¡Caridad, caridad verdadera, amor y sacrificio!” Así cantamos al concluir el encuentro, así cantaremos en los días de la puesta en marcha, que seguiremos viviendo juntos. Así seguimos cantando nuestra vocación y nuestra misión.
Granollers, seguimos en camino, juntos: somos familia.

Nos unimos com emoción y esperanza al paso dado con el Hostal, rumbo al futuro.
Compartimos los momentos de nostalgia, de alegria, dolor y esperanza vividos y asumidos en esta nueva etapa de nuestra historia congregacional.
Todo lo nuevo conlleva algo de temor, de riesgo y de novedad, pero el discernimiento en la busqueda de la voluntad de Dios nos impulsa a concretar lo que la realidad y el futuro nos piden.
Hermanas de Proença-a-Nova, Portugal