En la tarde del 8 de febrero, tuvo lugar en la Casa Madre un encuentro de las comunidades de la Delegación de Madrid, convocado como espacio de fraternidad y de compartir la experiencia de misión que cada comunidad vive en su realidad concreta.

Fue un encuentro gozoso, dinámico y muy enriquecedor, que nació de lo acordado en la reunión de nuestra Delegación en la Asamblea de Miraflores. Allí, al señalar las líneas de acción para este año, sentimos con fuerza la llamada a mirar con más atención nuestras experiencias de misión, especialmente en las periferias existenciales, y a crear un espacio donde poder escucharnos y conocernos mejor como comunidades.
A lo largo de la tarde, iluminadas por la Palabra y desde una clave de misión entendida no solo como tarea, sino como identidad, las hermanas compartimos la realidad que acompañamos en cada comunidad. Con historias distintas, ritmos y edades diversas, pero unidas por el mismo envío, la misma misión, tratamos sobre todo de reconocer la vida que sigue brotando, muchas veces en lo pequeño, en lo sencillo y en lo cotidiano que con frecuencia pasa desapercibido.
El encuentro se vivió en un clima de confianza, cercanía y fraternidad, ayudándonos a recordar juntas el sentido profundo de nuestra misión: ser sal que da sabor y luz que acompaña el camino, allí donde el Señor nos envía hoy.
La tarde concluyó compartiendo la merienda, prolongando el encuentro en un ambiente de alegría sencilla y fraternidad, agradeciendo el don de la misión compartida y la vida que sigue creciendo entre nosotras.
